China

Cómo está liderando China el camino de la transformación

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Conocí la realidad de la China moderna en una tienda de comestibles de Shanghai.

Sólo estuve en Shangai unos días, y necesitaba provisiones. Entré en un pequeño supermercado cerca de mi hotel, compré algunas cosas y me acerqué a la caja a pagar con mi tarjeta de crédito.

El empleado que estaba detrás del mostrador frunció el ceño. Rápidamente descubrí que mi tarjeta de crédito no servía para nada, tanto en ese supermercado como en la mayoría de los negocios en China.

En China, la economía se basa casi exclusivamente en aplicaciones de pago para teléfonos móviles inteligentes como WeChat Pay y Alipay, una filial de Alibaba, uno de los mayores comerciantes de comercio electrónico del mundo. Las tarjetas de crédito nunca han tenido gran éxito en China, de ahí el dominio de los sistemas de pago móvil a través de teléfonos inteligentes.

Cuando profundicé en el tema, descubrí que tanto el uso de teléfonos inteligentes como de sistemas de pago móvil es mayor en China que en cualquier otro lugar del mundo.

De hecho, la revista eMarketer estima que de los casi mil millones de personas que se espera que utilicen aplicaciones de pago móvil este año, casi la mitad estarán en China. Según la revista, más del 80 por ciento de todos los usuarios de teléfonos inteligentes en China utilizarán aplicaciones de pago móvil; una barbaridad si lo comparamos con el 27 por ciento de los usuarios de teléfonos inteligentes en los Estados Unidos.

Cifras como esta revelan importantes verdades sobre la China moderna y el papel que desempeñará en el futuro de la economía mundial.

 

«Pocos países han adoptado la transformación con tanta fuerza como China»
 
Ranjit de Sousa, Presidente LHH

 

 

Es muy fácil formarse una opinión sobre la China moderna, ya que el país parece estar presente en noticias de todo tipo. Existe una vigorosa disputa comercial en curso entre China y Estados Unidos y la controversia sobre el sistema de calificación social del gobierno chino, donde todos los ciudadanos recibirán una «calificación de crédito social» basada en sus comportamientos positivos y negativos. Estas historias tienden a reforzar nuestra visión un tanto tradicional de China: un país fuertemente controlado, algo obstinado y dispuesto a desafiar las normativas y valores occidentales.

No obstante, al estar China y observar el estado de la economía y la sociedad en general, se puede ver que hay mucho más en este país y su gente de lo que escuchamos o leemos en las noticias. Permítanme compartir algunas de las ideas clave que aprendí y que me hicieron reflexionar sobre cómo suavizar la transformación en general.

 

Pocos países adoptan la transformación como China. En ciudades como Shangai, los ciudadanos cuentan con un nivel adquisitivo y un nivel de vida que rivalizan con los de la mayoría de los países occidentales. Esto es algo singular si tenemos en cuenta que China no empezó a abrir su economía hasta los años ochenta. En tan solo unas décadas, el país ha crecido y ha adoptado la vanguardia de la tecnología, la ingeniería y la arquitectura en formas que muchos otros países no podían comprender. Al observar la infraestructura económica y tecnológica de una ciudad como Shanghai, resulto obvio que se trata de una cultura que se siente cómoda con una transformación de una magnitud y un ritmo inigualables para la mayoría de los demás países del mundo.

La velocidad de la competencia y la innovación es impresionante. Incluso durante mi breve visita a China, pude ver lo rápido que las empresas  innovan e introducen nuevos productos e ideas; solamente para verlos superados por productos e ideas todavía más nuevos y mejorados. La introducción de artículos como los teléfonos inteligentes y las aplicaciones de pago móvil es sin duda un ejemplo de este fenómeno. Además, en casi todas las áreas de bienes y servicios, los ciclos de vida de los productos en China parecen medirse en semanas o meses, en lugar de años.

Las empresas chinas son insaciables en su deseo de aprender de cualquiera que tenga una buena idea. Existen muchos conceptos erróneos sobre las empresas y la tecnología china, a menudo basados en la idea de que los chinos copian las ideas de terceros. Mi experiencia en reuniones con empresas chinas plantea una teoría alternativa: los chinos son insaciables en su deseo de aprender y adoptar nuevas ideas. Hay una gran humildad en esta voluntad de aprender, una facilidad al admitir que no lo tienen todo resuelto. Pero cuando lo hacen, tienden a liderar la innovación, en lugar de seguirla. Cualquiera que desee hacer negocios en China debe tomarse un tiempo para apreciar la energía con la que los chinos aceptan la transformación y lo implacables que son con respecto al aprendizaje.

Los centros de trabajo también se están transformando en China. Para muchos chinos, una economía nacional que se abría de repente al mundo significaba empleos con jornadas extremadamente largas y exigentes. La cultura laboral conocida como «996», que funciona de 09:00 am a 09:00 pm seis días a la semana y que utilizan muchas de las empresas líderes de China, fue en su momento considerada como la ventaja competitiva de China en la economía global. Eso está cambiando. Ahora, los trabajadores que se han labrado una mayor independencia económica tratan de acabar con la «cultura 996», organizando campañas en línea para avergonzar y desafiar a los empleadores chinos que todavía exigen semanas de trabajo de 72 horas. Esto es inusual para China, un país que todavía prohíbe los sindicatos y disuade a los disidentes para que no protesten públicamente. Sin embargo, esta es una señal inequívoca de que los trabajadores de China están empezando a sintonizar con la dinámica de equilibrio entre la vida laboral y personal por la que llevan luchando muchas personas en otros países. La fluctuación de los costes laborales y el aumento de la protección de los trabajadores probablemente desencadenarán una transformación todavía mayor en el mercado laboral chino.

Al igual que sucede con la mayoría de los países, a China todavía le queda mucho por hacer. A pesar de toda la innovación, la voluntad de aprender y la afinidad por la transformación, China sigue siendo, en gran medida, una cultura controlada por el Estado. El sector privado en China está creciendo a pasos agigantados y, sin embargo, se espera que todas las empresas privadas mantengan una relación de trabajo muy estrecha con el gobierno. Lo mismo ocurre con la sociedad en general; el amplio uso del vídeo de circuito cerrado, la tecnología de reconocimiento facial y los claros esfuerzos del Estado por recopilar y retener datos sobre sus ciudadanos (cosas que servirían como punto de referencia para fuertes protestas en muchos países occidentales) son aceptados como una forma de vida en China. Las empresas extranjeras que intentan hacer negocios en China también lo ven; todas las rutas hacia esta gigantesca y dinámica economía implican múltiples niveles de aprobación estatal.

Cuando reuní todas mis observaciones sobre China y las comparé con mis ideas preconcebidas, me sorprendió lo mucho que aprendí después de pasar tan solo dos semanas allí.

Durante mi vuelo de regreso a casa, llegué a varias conclusiones importantes que quise compartir con mi propia gente para poder valorar nuestro lugar en el mercado chino.

Muchas empresas creen que necesitan estar en China porque es un mercado enorme con un gran potencial. Si bien es una lógica obvia, creo que también se puede aprender mucho solo con exponerse a los negocios chinos. Debemos tener en el punto de mira el entorno competitivo de China y su implacable innovación. Para las empresas que quieren ser innovadoras, será tan importante tener presencia en Shangai o Shenzhen como lo ha sido en Silicon Valley, Nueva York, Londres, Bangalore o Berlín.

Las empresas deben dejar de depender de los titulares y viajar a China para ver la realidad. Nuestra falta de comprensión de las fuerzas que actúan en cualquier mercado o cultura específica es un rasgo limitante que nos impedirá abrir nuevos horizontes de negocio.

Por último, el contexto cultural y el idioma siempre han sido desafíos para las empresas que buscan expandirse a nivel global. Esto es particularmente cierto en el caso de China, que tiende a avanzar a su propio ritmo. Ahora, más que nunca, será esencial contratar a personal que esté íntimamente familiarizado con la cultura y el idioma para ayudar a cerrar esas brechas.

China es uno de los lugares más exigentes y únicos del mundo. Después de mi visita, creo que tengo una comprensión más profunda y amplia de una de las economías más grandes del mundo y de cómo puede finalmente dar forma al mundo en el que se encuentran mis empleados y nuestros clientes.

 

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