De la ecología a la sostenibilidad desde una perspectiva ecológica y de recursos humanos. Ponerle rostro humano a la sostenibilidad.

Es innegable la urgente necesidad de desencadenar una nueva generación de iniciativas de recualificación y mejora de las competencias para que el mayor número posible de personas pueda prepararse lo antes posible para los empleos del futuro.

Murielle Antille, vicepresidenta ejecutiva de asuntos gubernamentales e industriales
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Mujer sonriente con gafas de sol montando en bicicleta.

Todo el mundo busca la forma más rápida y eficaz de hacer más ecológicas nuestras economías. Las empresas, los gobiernos y las instituciones públicas dedican cada vez más recursos financieros y humanos a cumplir los objetivos climáticos fijados tanto por el Acuerdo de París como por cada país a nivel individual.

Y, como casi siempre, los actores más pequeños de esta carrera mundial observan a los más grandes como ayuda para marcar la mejor ruta.

A finales de 2019, la Comisión Europea dio a conocer su Acuerdo ecológico, un ambicioso plan para lograr la neutralidad climática en 2050 mediante la innovación, los incentivos y la mitigación de su impacto social.

También se están creando grandes expectativas en torno al plan del Presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, que consiste en realizar una inversión de 2.000.000 millones de dólares para transformar la economía mediante la creación de millones de nuevos puestos de trabajo relacionados con las energías ecológicas, la eficiencia energética y, en particular, el creciente sector de los vehículos eléctricos.

No obstante, no todos ven la lógica o el potencial de estas iniciativas.

En todo el mundo se observa escepticismo, alarma e incluso hostilidad ante la idea de trasladar a las personas de las industrias tradicionales a nuevos puestos de trabajo con nuevas competencias y una menor huella de carbono.

Una historia reciente en The New York Times demuestra gráficamente la magnitud del escepticismo.

El New York Times entrevistó a Shawn Steffee, uno de los líderes del sindicato Local Boilermakers 154 de Pittsburgh (Pensilvania), quien argumenta con bastante pasión que no es posible volver a capacitar y recolocar a los trabajadores sindicales bien pagados que han participado en las industrias manufactureras y de recursos tradicionales en industrias más ecológicas y limpias, como, por ejemplo, la generación de energía solar o eólica.

«Siguen diciendo: Vamos a realizar una transición hacia los trabajos en el sector solar», comenta Steffee. «Pero no es así como funcionan las cosas. Construimos centrales eléctricas, plantas petroquímicas y mantenemos acerías».

Los comentarios de Steffee son elocuentes de la escasa labor que han realizado los empresarios y los gobiernos a la hora de explicar la apremiante necesidad mundial de que los trabajadores pasen a desempeñar trabajos más sostenibles.

Hace poco, el Gobierno británico causó un gran revuelo con un anuncio de una campaña de reconversión laboral en el que aparecía una bailarina de ballet y se sugería que su próximo trabajo podría ser la ciberseguridad. No es de extrañar que muchas personas de las industrias culturales pusieran el grito en el cielo por el anuncio y la sugerencia de que el suyo no era un trabajo sostenible.

El rostro humano de la transición

Estos ejemplos ponen de manifiesto la profunda necesidad de que todas las transiciones ecológicas traten a los seres humanos como personas y no como mercancías que pueden ser trasladadas arbitrariamente de un puesto de trabajo a otro. Lo único en lo que todo el mundo debería estar de acuerdo es en que muchos de los trabajos actuales quedarán pronto obsoletos, bien sea por cuestiones climáticas o por su incompatibilidad con la vanguardia de la tecnología.

Según McKinsey, la industria petrolera de Estados Unidos perderá más de 100 000 puestos de trabajo en 2020 debido a la guerra de precios de la OPEP y a la pandemia provocada por el COVID-19. La agresiva apuesta de la industria del automóvil por la electrificación de sus flotas seguirá, sin duda, obligando a la industria del petróleo y el gas a eliminar todavía más puestos de trabajo.

El Grupo Adecco, en su reciente publicación «Habilidades para la economía ecológica» señala además que «sin el desarrollo de las competencias, se estima que la economía mundial podría perder hasta 71 millones de puestos de trabajo en su ruta hacia la circularidad». Por otro lado, las políticas inteligentes y la inversión en la recualificación podrían invertir esta perspectiva, hasta el punto de que solamente el sector energético podría producir un crecimiento neto de 18 millones de puestos de trabajo».

Es innegable la urgente necesidad de desencadenar una nueva generación de iniciativas de recualificación y mejora de las competencias para que el mayor número posible de personas pueda prepararse lo antes posible para los empleos del futuro.

Hacia una transición centrada en las personas

Para garantizar que la transición ecológica sea un éxito, debemos prestar más atención al papel que desempeñan el capital humano y las competencias para lograr un cambio sostenible.

A pesar de las actuales iniciativas de gran envergadura en Europa y Estados Unidos, la mayoría de las iniciativas de tecnología ecológica más importantes del mundo no logran conectar los objetivos medioambientales con los de capital humano.

El Fondo de Transición Justa, uno de los principales componentes del «Acuerdo ecológico» de la Unión Europea, proporcionará hasta 150 000 millones de euros durante los próximos 10 años en fondos para la reconversión profesional y préstamos o garantías de préstamos para los empresarios que quieran pasarse a la tecnología ecológica.

 
China también ha realizado progresos en este ámbito, reciclando a los trabajadores para que ocupen nuevos puestos de trabajo en el sector de las energías ecológicas. Continuando con sus esfuerzos por desprenderse de la generación de electricidad a partir del carbón, China cuenta ya con casi el 40 % de todos los puestos de trabajo del mundo dedicados a las energías renovables.

Sin embargo, incluso con toda esta atención, sigue habiendo una enorme desconexión entre los objetivos climáticos y las necesidades de los trabajadores.
El plan «American Jobs Plan» de Biden propone dedicar 100.000 millones de dólares a programas de formación del personal y a duplicar el número de formaciones registradas. Sin embargo, no se han hecho públicos los detalles sobre qué tipo de programas de formación y apoyo se financiarán exactamente. Y, aunque a menudo hace referencia a cosas como «oportunidades de desarrollo de competencias para trabajadores de todo tipo», una hoja informativa de la Casa Blanca sobre el plan de empleo no incluye ni una sola referencia a la recualificación o a la mejora de las competencias.

El plan de Biden no es el único en lo que respecta a esta desconexión. La Organización Internacional del Trabajo señaló que entre los 183 países que se han comprometido con los objetivos del Acuerdo de París, menos del 40 % incluye «algún plan de formación de capacidades (o de reciclaje para apoyar su aplicación) y (...) más de uno de cada cinco no tiene ningún plan de medidas de formación o desarrollo de capacidades».

Oportunidades para las empresas

Esta falta de conexión entre las políticas climáticas y los objetivos del personal representa una oportunidad para que los empleadores sean proactivos para obtener su propia ventaja de marca competitiva. A partir de nuestro trabajo de apoyo a las organizaciones y a sus trabajadores en todo el mundo durante la transición, podemos concluir que hay dos estrategias claras que pueden ayudarnos a alinear los objetivos medioambientales y los de la mano de obra. 

1. Facilitar las transiciones de trabajo en pequeños incrementos

Aunque los problemas son globales, las soluciones deben ser locales e individuales. Si bien no existe una solución única y milagrosa, es posible llegar a las soluciones correctas cuando todas las partes implicadas se sientan y buscan la ruta más lógica para pasar de las industrias insostenibles a las industrias y los puestos de trabajo adecuados para el futuro.

Eso es lo que ha sucedido con la empresa energética española Enel-Endesa al cerrar la central térmica Litoral. Para mitigar el impacto social en la región, colaboró con LHH, las autoridades y otros socios para buscar nuevas oportunidades para la infraestructura y los trabajadores. Finalmente, la empresa puso en marcha 20 nuevos proyectos de energía renovable en toda la provincia para sustituir la electricidad generada por la central térmica cerrada, lo que a su vez creó más de 300 puestos de trabajo para los antiguos trabajadores de la planta.

 
2. Dale un giro «humano» a tu estrategia de objetivos medioambientales, sociales y corporativos

Los objetivos de sostenibilidad medioambiental ya no están en conflicto con los de creación de empleo. Busca socios que te permitan elevar el diálogo en torno a los objetivos medioambientales, sociales y corporativos a su estrategia de personal y considere a su personal como energía renovable y no como un activo reemplazable.

Esto es lo que ya ha logrado el proveedor alemán de automóviles ZF Friedrichshafen. En lugar de seguir con su plan original de despedir a varios miles de empleados, ha puesto en marcha un plan de transformación para recualificar y recolocar a los afectados en puestos de trabajo totalmente nuevos. Al reconocer el potencial de sus propios empleados para la transición, esta empresa pudo ofrecer un empleo sostenible al tiempo que aceleraba la transformación hacia la movilidad eléctrica,

La transición ecológica nunca alcanzará sus objetivos climáticos a menos que pueda alinearse plenamente con las necesidades humanas de los trabajadores. Si bien no se trata de un reto sencillo, las políticas ecológicas inteligentes pueden llevar, y llevarán, a una transición más rápida e inclusiva.

 

Juntos podemos convertir la transición ecológica en una transición sostenible desde una perspectiva ecológica y de recursos humanos.

 
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